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lunes, 27 de marzo de 2017

LA NUEVA NOVELA DE OREJUDO, PILI



Lo de Pili es una broma cuya explicación está en el nuevo libro de Antonio Orejudo. He averiguado que dicho libro empezará a distribuirse el próximo 4 de abril. Como comparto editorial con el autor, ya he tenido la fortuna de leerlo. Lleva por título Los cinco y yo. Es y no es una novela. En cuanto empieza a parecerlo, ya no es y, en cuanto no es, empieza de nuevo a serlo y parecerlo. A ratos resulta evidente el espesor confesional del libro. Este contiene tramos de crónica de formación, del camino vital recorrido por aquel niño madrileño nacido en 1963 que acude a este colegio, que tiene este padre y esa madre y aquellos profesores, que se ejercita en la amistad con otros de su especie y condición, y en el sexo, y en la literatura, y conoce a Reig (Rafael), figura decisiva, y va y viene, haciéndose poco a poco, en la España que le tocó en suerte, el adulto en que finalmente se ha convertido, escritor para más señas, a mi juicio ya en grado pleno de madurez. Los cinco son una presencia antigua en las lecturas de mocedad del futuro novelista y profesor de universidad. Son Ana, Jorge, Tim, Dick y Julián, jóvenes protagonistas de las novelas de Enid Blyton y algo más: la proyección de los deseos del adolescente Toni (Orejudo) por vivir aventuras y peripecias en otros paisajes, en otros mundos de relaciones humanas, distintos de aquel suyo de finales del franquismo, desfavorable para el disfrute de la libertad. Con todo, Orejudo no sería Orejudo sin un punto de humor cruel, que en este libro está adecuadamente dosificado. Orejudo en su libro, Reig (ficcionalizado con mucho ingenio) en uno suyo titulado After five, imaginan la transformación en seres adultos de los cinco adolescentes de Enid Blyton. Asoman entonces segmentos de vidas torcidas, de drogas, codicia, inmoralidad, fraudes farmacológicos y lo que caiga, que no es poco ni apenas noble o ejemplar. Esta especie de ficción dentro de la ficción es un punto fuerte de Los cinco y yo. No es el único. En el libro hay páginas estupendas de reflexión junto al relato de peripecias amenas y a menudo tronchantes. Y, en general, un leve regusto de amargura, propio del hombre consciente de que los años lozanos quedaron atrás y de que la cosecha de sueños cumplidos ha sido, ¿cómo diría yo?, más bien escasa.